En cada reencuentro, los hermanos huarpes recuperan parte de su legado

Destacadas 19 de septiembre de 2019 Por
Actualmente son diez las comunidades de Caucete que están organizadas disfrutando de la simpleza de la naturaleza y su tierra. En cada nuevo año que celebran, se reencuentran más hermanos huarpes en búsqueda de su identidad.
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No hay dudas de que en los siglos pasados en nuestras tierras habitaron los pueblos aborígenes. En la región de Cuyo estuvieron los Huarpes y en el territorio de San Juan, según la historia de los pueblo originarios, vivieron los Huarpes Allentiac. Mientras que en las tierras de Caucete, esta etnia dejó marcada su cultura y legado para las nuevas generaciones.

Con el tiempo los pueblos Huarpes se fueron desarrollando, incluso durante la conquista española cuando muchos fueron empleados por los encomenderos y llevados de esclavos hacia Chile. Los escritos decían que en la época de colonización se extinguieron pero, al parecer, una parte de la historia no quedó documentada.

Fueron varios los huarpes que pudieron escapar alojándose en las "zonas de palustres”, como en el límite de las tres provincias de Cuyo y en el cerro de Pie de Palo de Caucete. Según cuentan las comunidades indígenas existentes se refugiaron en esos lugares donde “el blanco no pudo colonizar”.

El Consejero de Jóvenes de la Comunidad Pinkanta, Franco Gil, reveló detalles de la historia de nuestros ancestros. Contó que los huarpes habitaron en esas zonas de palustres, pero con el tiempo debieron migrar a las zonas urbanas en búsqueda de mejores condiciones para vivir. Es así es que por el doloroso desarraigo de estas comunidades, los huarpes se expandieron por todo el territorio cuyano.

Sin embargo, luego de cientos de años, a través de las leyes fueron reconocidos sus derechos. Ellos hablan de que gracias a la reforma constitucional de 1994, la cual reconoce la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos, renacieron varias comunidades.

En el caso concreto de las familias de apellidos netamente huarpes como Guanquichay, Echenique, Aballay, Maya, Talquenca, Pelaytay, entre otros, comenzaron a organizarse y en búsqueda de sus identidades ancestrales surgieron nuevas comunidades.

Actualmente, los “hermanos huarpes” siguen encontrándose y rencontrándose. Los huarpes son solo uno de los treinta y ochos pueblos aborígenes que existen en Argentina. Según el consejero de jóvenes, en Caucete hay diez comunidades organizadas de un total de veintiuna comunidades en San Juan. Además, hay un sinfín de personas con descendencia huarpe que todavía no se unen en comunidad o no saben que pertenece a esta gran familia. Sin embargo, estas comunidades activas realizan un trabajo de hormiga armando arboles genealógico para poder reencontrase.

A pesar de que los huarpes no hayan dejado nada escrito, su legado cultural se transmitió de generación en generación. Son comunidades que se siguen guiando por lo simple de la naturaleza, a diferencia de otros pueblos originarios que se basan en la astronomía. El 'año nuevo' los huarpes lo festejan en el mes de agosto porque el cantar los coyuyos en el campo les anunciaban el cambio de la naturaleza. El cambio de la estación de invierno a primavera, para ellos es celebrado como un 'Ciclo Nuevo'.

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La Organización Pinkanta actualmente sigue perseverando dicha celebración como lo hacían sus ancestros. Reciben cada 26 de agosto en comunidad el ‘Ciclo Nuevo’ y despiden el ‘Ciclo Viejo’ en el paraje El Junquillal, en aquella zona nombra palustre, que queda en el punto tripartito entre San Juan, San Luis y Mendoza.

La celebración que realiza esta comunidad es puramente vivencial y en cada ciclo nuevo recuperan más sobre los legados de sus ancestros a través de los abuelos que todavía viven y cuentan interminables historias sobre sus raíces. 

Todos los años se rencuentran nuevos “hermanos huarpes” que llegan hasta ese sitio en búsqueda de su identidad.

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Cosmovisión huarpe

Los que escribieron sobre la historia de los huarpes fueron en su mayoría gente que no pertenecía a las comunidades como los españoles y los sacerdotes. La poca documentación sobre su cultura eran interpretaciones externas, pero no la real cosmovisión de los huarpes.

Los libros dicen que fueron politeístas e incluso patriarcales, sin embargo las comunidades existentes afirman que ellos se consideran duales: el hombre y la mujer complementan sus energías y los dos tienen la misma jerarquía. Aseguran que tampoco fueron politeístas, ellos siguen creyendo en un ser supremo - el gran espíritu-  que se representa en las cosas que el hombre no puede tocar ni modificar como el sol, la luna, los elementos de la naturaleza que dan vida.

Su cultura, en plena reconstrucción

Las comunidades huarpes existentes llevan en su sangre la cultura de sus ancestros y están recuperando parte del legado gracias a los ancianos que son una fuente inagotable de conocimiento. En la actualidad suelen llevar a los abuelos a los territorios donde vivieron y entre con los recuerdos que tienen de sus antepasados, van armando como rompecabezas la historia de sus orígenes.

Un ejemplo claro es la recuperación de la ´lengua huarpe´, que se fue recuperando a través de los sobrenombres que los abuelos le ponían a las cosas. Con el tiempo se dieron cuenta que esas palabras extrañas eran en realidad el idioma huarpe.


Los derechos que se les niega

Los huarpes no viven con plumas y ponchos, si bien algunos siguen viviendo en las zonas rurales y preservan más las costumbres, la mayoría están en zonas urbanas y buscan que sus comunidades se desarrollen sin perder la identidad. De hecho, ellos no esperan que se reconozca nuevas leyes, sólo quieren que los gobiernos de turnos apliquen las que están sancionadas como la del derecho a la propiedad comunitaria para las comunidades indígenas sancionada en 2006. Como así también el derecho a una educación intercultural y bilingüe que establece la Ley de Educación Nacional.

Lo correcto sería que en las escuelas enseñen la 'legua huarpe', que es la lengua nativa de sus tierras y es un derecho que todavía se les debe. Esta “interculturalidad” si se aplicara le serviría a toda la sociedad porque el pueblo originario tiene muchos valores y conocimientos importantes que aportarían a la cultura occidental. 

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Los valores que preservan

“Amor entre ellos”, es el sentimiento que se tienen como familias. Para ellos no hay sobrinos ni tíos, son todos hermanos y a todos los niños los cuidan como si fueran sus hijos. Respetan a los ancianos, aquellos que han pasado todas las etapas y tiene el conocimiento y sabiduría para aconsejar.

 “Círculo de la igualdad”, es un símbolo que sigue existiendo en cada encuentro que realizan, en cada ceremonia que celebran.  Es el círculo donde hacen circular la palabra sin ninguna jerarquía: para ellos son todos iguales.

“La vestimenta”  como la de usar ponchos les simboliza protección. Actualmente algunos integrantes de estas comunidades llevan estos atuendos que son es su mayoría extraídos de las lanas de animales y los usan orgullosamente en honor a sus antepasados.

“Los frutos de las tierras" es lo que siguen preservando las comunidades. En época invernal realizan la recolección de algarroba, chañar, jarilla y junquillo para elaborar alimentos y hasta para usarlas como medicina.

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Agradecimiento especial por la información brindada a Franco Gil, coordinador del Área de los Pueblos Originarios y consejero de jóvenes de la Organización Pinkanta. 

Fotos: gentileza de Facundo Lazarte Cabrera. 





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