Hace unos años atrás, los cauceteros hacían la "Fiesta del Cementerio"

Caucete y sus historias 02 de noviembre de 2019
En la historia de Caucete el 1 y 2 de noviembre se celebraba la "Fiesta del Cementerio' o el 'Día de las Ánimas'. Las mujeres y los hombres iban de "punta en blanco" a visitar a sus difuntos y entre llantos y lamentaciones, se preparaban para festejar afuera del cementerio durante toda la noche.
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El querido autor caucetero Miguel Nain Plingles dejó plasmada en su libro 'CAUCETE EN EL RECUERDO' una celebración antigua caucetera. La gente la llamaba con cierta ingenuidad la 'Fiesta del Cementerio' o 'Día de las Ánimas', a la que hoy en día se conmemora todos los 1 de noviembre como el “Día de todos los santos" y  el 2 de noviembre el “Día de los Fieles Difuntos”. 

En el momento de escribir sobre este tradicional festejo explicó que "no ha pasado mucho tiempo como para que los lectores no puedan dar fe a este relato que, dentro de su sencilla veracidad, demuestra que en este aspecto hemos evolucionado".

Según el autor, "con varios días de anticipación ya se hablaba de la 'fiesta' y poco a poco, se creaba un clima de absurda y evidente expectación. Había que ir de 'punto en blanco' aunque muchas veces, el fundamental detalle de no tener muerto para recordar no se tuviera en cuenta para nada".


Y LLEGABA EL DÍA..

Allí sobre la calle que da frete al cementerio, bordeando el canal tercero, se levantaban las llamadas 'ramaditas' o 'carpas' -vulgo cantinas- cuya adjudicción y derecho de explotación corría por cuenta del Municipio que se aseguraba así una buena fuente de recursos. En estos lugares la nutrida y 'emperifollada' concurrencia 'descansaba', comía empanadas, 'pastelitos', 'patitas compuestas' y otros platos "juertes" que naturalmente exigían "un buen trago" para sentarlos mejor. Y así de este modo, muchos pasaban las horas y todo el "santodia" recordando - a su manera-  el día de los "dijuntos".

Y DENTRO DEL CEMENTERIO... ¿QUE PASABA?

Allí por supuesto, habían consternados llantos y desgarrantes lamentaciones. Pero ocurría también que aquellos "dolientes" interrumpieran tan patéticas escenas para darse "un respiro" y de paso - como quien no quiera la cosa- "saborear" algunos "amarguitos" con "sopaipillas" y proseguir luego con su largo e interminable lloro...

Sin embargo, cuando llegaba la noche el panorama cambiaba fundamentalmente, porque, aunque parezca mentira, había música y canto.

Sí, las "ramaditas" y las "carpas" se poblaban con "razgueo" de guitarras y la voz "aguardentosa" de los cantores ganaban el ámbito del descanso eterno en contradictoria manifestación con lo realmente aceptable dentro de un mundo de dudas y tinieblas...

Así... eran las "fiestas del cementerio" o "día de las ánimas", por aquellos tiempos. Cuando bajo el pretexto de "recordar muertos" o "cariños idos" algunos se entregaban a un inconsolable "llanterío" y otros... al paseo y la desaprensiva frivoridad de buscar "consuelo" con "entusiasmos nuevos..." ....para que todo dá el tiempo. Verdad?

PLINGLES, M.N. (1971). Caucete en el Recuerdo. San Juan
 

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