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13 de enero: “Día Mundial de la Lucha contra la Depresión”

Los profesionales de la salud mental del Hospital Rawson elaboraron un valioso informe respecto de las consecuencias mentales que nos acarrea esta pandemia de COVID-19.

Efemérides 13/01/2021
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Hoy sabemos que la pandemia ha profundizado estados depresivos previos y ha logrado encender, en muchos de nosotros, síntomas y signos depresivos y/o ansiosos que no tenemos que dejar a un costado. En esta ocasión, la licenciada Emilce Merlo Conca, junto a todo el personal del servicio de Psiquiatría, elaboraron un valioso informe respecto de las consecuencias mentales que nos acarrea esta pandemia de COVID-19.

Depresión y resiliencia: activando nuestras fortalezas


Resiliencia es la “capacidad humana para enfrentar, sobreponerse y ser fortalecido o transformado por experiencias de adversidad” (Grotberg, 2001).

Las condiciones del contexto actual, con su dimensión de crisis global, profundizan y reeditan la vivencia de adversidad, incertidumbre e indefensión a nivel individual y social, promoviendo ruptura de las redes sociales, desencuentros, desconfianza generalizada y violencia. Hemos percibido nuestros límites y con ellos las posibilidades.

Nuestra época genera profundo malestar en las personas, instituciones y organizaciones sociales, afectando su capacidad para afrontar los efectos que estas condiciones actuales de nuestra existencia nos producen.

Durante la pandemia nuestra vida se vio totalmente afectada, por cambios en los horarios, en el modo de trabajar, en las reuniones familiares, en cómo ir a una consulta médica, en cómo trasladarnos de un lugar a otro. Ya no poder viajar a nuestros lugares elegidos para descansar o visitar los domingos a nuestros padres y familiares. La escuela en casa, el trabajo en casa.

La pandemia del 2020 nos sumergió en la incertidumbre, el miedo, el encierro, el alejamiento físico de nuestros seres queridos, nos enfrentó a la muerte real de un amigo, compañero de trabajo, vecino, de nuestra pareja, de mi médico o del enfermero que desde el inicio estuvo realizando su trabajo dispuesto a cuidar la vida.

¡Cuántos desafíos y cuántos cambios! Pusimos en marcha procesos que no pudieron fluir ante un nuevo cambio de protocolo, ante una nueva adaptación a la realidad; armar y desarmar todo el tiempo.

Nuestra cotidianidad desdibujada y la incertidumbre desdibujando nuestro futuro mediato, nos llevó a experimentar miedos, ansiedad, angustia y depresión.

La resiliencia como defensa


La resiliencia como concepto o desarrollo teórico surge en el siglo pasado alrededor de los años cuarenta, pero como condición humana es tan antigua como la especie. Construir resiliencia es lograr habilidades para la vida y poderlas transferir a lo cotidiano para emerger de la adversidad.

Ser resilientes es poder mirarnos en introspección y percibir cómo nos sentimos últimamente, cómo la realidad ha afectado nuestro ánimo y poder tomar la iniciativa con una energía casi inexistente, de pedir ayuda a nuestros seres queridos para llegar a la consulta con un profesional de Salud Mental. Comunicarnos con el otro y ser escuchados, comenzar a salir del estado de indefensión y soledad.

Los estados depresivos y síntomas resuenan. ”Sería muy fácil si se tratara de voluntades, ya hubiera resuelto este estado que me acompaña hace mucho tiempo. Soy como una luz apagándose en el medio de una noche oscura y fría, mi cuerpo ya no siente, me he alejado de todos, no soporto a nadie, solo quiero estar sola, todos me dañan, nadie me comprende, no valgo nada, soy la peor persona del mundo, una luz apagándose en el medio de la noche… soy como un árbol seco en el desierto, no tengo ganas de comer, duermo todo el tiempo, hasta me cuesta esfuerzo bañarme, solo quiero estar en la cama”. “Estoy sumergida en el agua, no puedo escuchar, estoy triste todo el tiempo, estoy anestesiada; es una tristeza que me lleva a un abismo, en el que vengo en caída, no hay nadie que pueda ayudarme, lo único que quiero es morir, mi ser se secó, no se cuando ocurrió, nada de lo que me gustaba me gusta ya, nada me importa, he perdido toda conexión con el afuera, con los otros, me duele el alma”.

Empatizar con el estado depresivo de otros, aceptar el propio, un diagnóstico precoz, un tratamiento oportuno dan cuenta de que hemos logrado iniciar el proceso de resiliencia para nosotros o activado individual o comunitariamente el de otros seres humanos, nos unimos a la vida para sostenerla y desplegar nuestras capacidades, volvemos a ella, nuestro sentir vuelve a activarse “en el trinar de un pájaro, en una flor que crece, el aroma de la comida preferida, el mejor y más bello abrazo, ese 'te quiero, y ese 'me importas, de ese ser que hoy enciende las luces para mi, para que mi luz vuelva a brillar”.

Desde nuestra Institución y el Servicio de Salud Mental buscamos soluciones posibles a la impotencia, depresión, ansiedad que viven muchas personas en la actualidad. Invitamos a transitar el proceso de activar la resiliencia, nos damos esta oportunidad para mejorar nuestra calidad de vida y reelaborar nuestro proyecto existencial.

La solidaridad, el cooperativismo, las políticas sociales, el sostén afectivo, el cuidado de otros y el autocuidado emergen en el escenario actual como esferas claras de vida y resiliencia.

Hoy, somos madres, padres, hijos e hijas, profesionales de la salud, educadores, guías, personas que, sabiendo de los alcances de los estados depresivos, llamamos, invitamos y acompañamos a tantos seres a retornar a la vida. Abrazamos nuestra propia resiliencia y comenzamos la reconstrucción.

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