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El padre Miguel, el encargado de cuidar a Santa Rosa

El párroco habló con El Bastón sobre su trayectoria, su manera de ver la iglesia y de vivir el sacerdocio, ahora en 25 de Mayo.

25 de Mayo 10/07/2021 Alejandra Chavez Alejandra Chavez
miguel gonzalz

Miguel González es un sacerdote muy particular. Antes de la pandemia sus misas estaban repletas, adentro gente cantando y bailando, llamaba tanto la atención, como su confianza y chistes en plena ceremonia a los creyentes católicos. El hombre tiene 58 años y casi 30 de sacerdocio, actualmente es párroco en Santa Rosa, 25 de Mayo.

 La pandemia cambió también las formas de dar misas: “Estaba acostumbrado a levantar la mirada y que la iglesia este llena de gente. La segunda misa virtual, me largue a llorar. Entendí que estaba frente a una feligresía, frente a un pueblo que no estaba. Hay mucha gente que no tiene conectividad, la mayor puede tener celular, pero no manejar las redes”. Dice González que tiene una mirada autocrítica sobre la situación de la iglesia: “La iglesia paso de prudente, a muy prudente y hasta se dejó avasallar. Hemos tratado de ser luz, Dios no se deja ganar. La iglesia Madre nace en el hogar, uno va al templo a compartir, a comulgar a celebrar, pero mamá te enseña a rezar o papá se arrodilla ante Dios”, dice el párroco. 

La familia es un tema recurrente del hombre que decidió ingresar al seminario a los 21 años. “Sentía un llamado de Dios muy fuerte, al principio no lo escuche y después me hice el que no lo escuchaba. Más tarde Jesús se hizo cargo de que lo escuchara y lo viviera” recuerda González.  Él, estudió en seminario de Rosario, allí recibió la noticia más triste:  al mes de comenzar falleció su madre, y al año, su padre. Un 28 de febrero se ordenó como sacerdote, allí estaba su hermano José Luis, un pocitano, que viaja varios kilómetros junto a su familia cada domingo, para presenciar en primera fila sus misas. “Él es todo, mi padre, mi hermano, mi amigo. Mis padres no sé si estarían orgullosos, pero sí muy felices”, dice emocionado el sacerdote. 

Su hermano no es la única persona que llega desde otro departamento un domingo para escucharlo fielmente, muchas personas lo siguen a donde vaya. El padre Miguel supo cosechar cariño en los lugares en los que estuvo. Su carrera comenzó como vicario en la parroquia de Villa Krause acompañando al padre Paco. Luego fue a Albardón, ahí vivió en la casa parroquial de la iglesia de Los Desamparados, porque Santa Barbara (en La Laja), no tenía templo. Once años después fue enviado a Pocito, y luego fue el sacerdote en 9 de Julio. Posteriormente, estuvo en la parroquia del Valle, y hoy está en Santa Rosa. También fue el encargado de las misas en la Difunta Correa, aunque hace un mes se hacen cargo los sacerdotes de Cristo Rey. 

Sobre su paso en cada parroquia el sacerdote comenta: “Cada comunidad es totalmente diferente, yo no puedo hacer comparanzas, pero todas me han tratado maravillosamente. La comunidad de Santa Rosa es muy amante de su patrona, se puede ver en las fiestas patronales, donde mucha gente viene a ayudar. La gente del Perpetuo Socorro está enamorada de su parroquia, pero ellos miran y comparten con la villa.”, cuenta el eclesiástico. 

Al ser consultado sobre si es difícil la vida del Sacerdote González dice: “Sí y no, humanamente renuncias a muchísimas cosas, no tenés una familia, una contención primaria, no tenés una vivienda fija, pero la comunidad hace de familia, de contención. No podría ser otra cosa que no sea sacerdote. Las personas no solo buscamos a Dios cuando estamos asustados, apurados por un enfermo o porque alguien partió para siempre. También para compartirlos bautismos o casamientos. Como sacerdote una de las cosas que más feliz me ha hecho es estar con el que venía siempre, nunca dije ‘no puedo’ es estar para una alegría o para una tristeza”. 

Su alegría y su forma de ser se refleja en todo lo que hace, la parroquia en la que esta es reconocida por estar decorada y arreglada para fechas especiales.  “Me gusta trabajar con las manos, es un don natural, lo tengo de toda la vida, de la nada invento hago algo diferente, a mí me parece que el impacto visual ayuda muchísimo. Vos llegas a un lugar donde el cura es el mismo, siempre lo mismo, entras en una meseta. El impacto visual de mover, de poner o sacar una luz, con las mismas cosas podés hacer sentir distinto. Cuando era pequeño me enseñaron que los actos patrios eran importantes, entonces no puede pasar, por ejemplo, un día patrio sin que mi parroquia este arreglada para la ocasión”, explica el sacerdote. 

A casi cuarenta días de la novena de Santa Rosa, el sacerdote cree que : "Es todo día a día, habrá que ver como esta la situación sanitaria, igualmente nos preparamos para vivir una hermosa novena a nuestra patrona". 

El padre Miguel González camina por Santa Rosa y conversa con los vecinos, se interioriza por sus problemas y charlas sobre lo cotidiano. En el se puede ver alegría, y se lo ve convencido de su profesión, de lo que le enseñaron sus padres y de que puede servir a la comunidad, de que puede servir a Dios. mG

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