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Caputo: un 18 de julio encontraban su cuerpo, y nacía la devoción al taxista asesinado en Caucete

Sucedió en 1939, Nicolás Caputo subió a su auto dos pasajeros en la Capital sanjuanina, pero camino a la Difunta Correa fue asesinado a sangre fría. Actualmente, el lugar es visitado por cientos de sanjuaninos.

Caucete y sus historias 18/07/2021
caputo

Para los taxistas, choferes y transportistas en general, en Vallecito, en la ruta 141, camino a la Difunta Correa, están la conocida zona de las ‘Cuestas de las vacas’; allí  hay un lugar ineludible en el que deben parar o tocar su bocina. Se trata del improvisado santuario popular en honor a Nicolás Florencio Caputo, “el protector de los viajeros”, según una placa, dejada por un creyente.

Caputo vivía en una humilde casa en la calle General Acha en Concepción, con su esposa Josefa Angulo y sus dos pequeños hijos. Tenía 39 años, trabajaba como taxista, en su auto un Ford V8, modelo 1938 de 8 cilindros, chapa 3- 008, nuevo y de un brillante color azul. Tradicionalmente, esperaba a quien necesitara de su servicio frente a la catedral, en la esquina de Rivadavia y Mendoza, en la capital sanjuanina. 

El 5 de mayo de 1939, dos hombres le solicitaron un viaje hacia la Difunta Correa. Los pasajeros eran Juan Manuel Sciolaza (un soltero, de 32 años), y su primo José Demetrio Sciolaza. Aparentemente con ellos había escapado Anita Slobellano, una menor de edad, de la que poco se supo. Algunas versiones indican que estas personas eran de Córdoba, otros dicen que era de Entre Ríos, pero lo cierto es que, Juan Manuel prestó servicios en Pocito para la Policía de San Juan.

En el ‘Bajo hondo’ o ’Las cuestas de las Vacas’, Nicolás Caputo paró su auto, Juan Sciolaza lo convenció de que bajaran a orinar. Fue entonces cuando el policía decidió adelantarse, sin mediar palabras y a sus espaldas, saco un revolver calibre 38 largo y le dio un tiro en la nuca al taxista, aparentemente para robarle su auto. 

El cuerpo no fue encontrado inmediatamente, y el misterio de la desaparición de aquel hombre tuvo diferentes hipótesis. En aquella época, la política llevaba a la lucha desmedida entre Cantonistas, Mauristas y Grafignistas, fue entonces que pensaron que había quedado envuelto en algún asunto extraño entre estos seguidores. Otros pensaron que había sido un crimen de mafia de Juan “Chicho Grande” Galiffi, un reconocido delincuente de la época. 

Por sus problemas económicos creyeron que había huido, y los investigadores siguieron la pista de la complicidad en un gran robo que hubo en el Departamento de Hidráulica. También llegaron a pensar que podía estar involucrado con un asunto judicial, referido a una estafa que había hecho al fisco Juan Siri, gerente del Plaza Hotel y Casino de Mendoza. 

 La denuncia de la desaparición de Nicolás Caputo fue realizada por su padre y su esposa. El diario sanjuanino impreso ‘El Tribuno’, empezó a reflejar las pistas y teorías que eran investigadas. Desde otras provincias argentinas, y hasta de Bolivia llegaban testimonios que indicaban haberlo visto.

Dos meses después, las absurdas suposiciones fueron desechadas. El 18 de julio de 1939, un obrero de Vialidad que trabajaba en la ruta 141, encontró en avanzado estado de descomposición el cadáver de Nicolás Caputo. A su lado estaba sus anteojos, su carnet de conducir, y el cráneo conservaba su característico diente de oro. Su familia, reconoció su cuerpo y sus pertenencias. Los investigadores confirmaron que había sido asesinado. 

Casi paralelamente, un mecánico de la provincia de Santa Fe denunció Cándido Pringles y a Eduardo Larroca. Ellos, le habían llevado a su taller el auto robado a Caputo, lo reconoció en los diarios de su provincia, y porque la rueda tenia grabado el nombre del taxista. Los señalados, a su vez culparon a Juan y José Sciolaza. Las pistas cerraban y los responsables de la investigación los trasladaron a San Juan para que hablaran, y hablaron. 

El juicio fue en 1940, el padre de Nicolás Caputo les grito en la cara: “Si hay Dios, habrá venganza”. La consternación e indignación del pueblo sanjuanino se hizo sentir, y cada vez que eran trasladados a indagatoria recibían repudio. Juan dijo que no lo había querido matar a Nicolás, pero que una discusión entre ambos desató la tragedia. La pena más alta la recibió Juan Manuel, que fue sentenciado a prisión perpetua por el delito de robo y homicidio. A su primo José Demetrio le dieron 11 años de cárcel por el robo y su participación en el crimen.

A su familia le devolvieron aquel auto con el que trabajaba y por el que mataron a Caputo. La viuda decidió vender una rifa y sortearlo. La situación económica era muy delicada para la mujer que quedó a cargo de sus dos pequeños hijos. Marta, la hija de Nicolás, sobre el hecho hace algunos años dijo: “. “No hay palabras, sufríamos en la espera y la incertidumbre porque no se sabía qué había pasado con mi padre”, contó.

La muerte de Nicolas Caputo fue tan triste para su familia, como para la comunidad sanjuanina, que comenzó a sentir respeto y devoción por el primer taxista asesinado en la provincia. Desde ese entonces, allí donde fue cruelmente asesinado, es el punto de partida hacia la Difunta Correa y un santuario popular lleno de placas, flores, cubiertas viejas, piezas de motores, chapas, velas y pedidos o agradecimientos por favores recibido. Milagro y devoción para un humilde trabajador cuya historia trasciende en el tiempo.

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