
La conclusión surgió a partir de un estudio odontológico realizado sobre las dentaduras de los cráneos hallados, un análisis clave para establecer el origen y la antigüedad de los huesos. Las piezas dentales no presentaron tratamientos odontológicos modernos, un indicador central para descartar una data reciente.
Según los especialistas que intervinieron en la causa explicaron a Canal 13 de San Juan, que las dentaduras exhibieron desgastes característicos asociados a prácticas habituales en comunidades indígenas. Entre los elementos observados se detectaron marcas compatibles con el uso de la boca para sostener fibras o hebras, así como señales vinculadas a la alimentación basada en la molienda de granos y raíces.
El informe final indicó que los restos correspondieron a cinco personas: tres adultos, uno masculino, uno femenino y uno de sexo indeterminad, y dos subadultos, categoría que abarca a individuos entre la niñez y la adolescencia.
Otro dato que reforzó la hipótesis arqueológica fue la extrema fragilidad de los huesos, característica coincidente con otros hallazgos antiguos registrados en la provincia, como antecedentes detectados en Calingasta. A partir de estas evidencias, los investigadores señalaron que el sitio podría haber funcionado como un antiguo espacio funerario.
Los peritajes también descartaron la presencia de signos de violencia perimortem, es decir, lesiones ocurridas en torno al momento de la muerte, lo que terminó de despejar cualquier sospecha de intervención criminal.
La causa quedó a cargo de la UFI Delitos Especiales, conducida por el fiscal Francisco Nicolía junto a la ayudante fiscal Gemma Cabrera. Con estos resultados, el hallazgo quedó vinculado al patrimonio histórico y ancestral de la región.












