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Bermejo: el templo de San Expedito sigue levantándose gracias al aporte constante de los fieles

La obra del santuario, que ya cuenta con el techo de la nave central terminado, avanza de forma sostenida aunque lenta, financiada principalmente por donaciones y una rifa anual que cierra el 19 de junio. El padre Germán Pickelny destacó que la construcción del edificio va de la mano con la construcción de la comunidad.
Caucete11/06/2026
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templo bermejo
A poco más de 100 kilómetros de la ciudad de San Juan, en medio del desierto, continúa la edificación del Templo de San Expedito, el único santuario dedicado a este santo en la provincia. La obra, impulsada por la fuerte devoción de miles de peregrinos que llegan desde todo el país, se sostiene gracias al esfuerzo económico de los fieles y no cuenta con grandes patrocinadores.

El párroco Germán Pickelny, responsable del santuario, explicó que la rifa anual —que este año comenzó en marzo y finaliza el próximo 19 de junio— es la principal herramienta para financiar los trabajos. “No solo buscamos recaudar fondos, sino también dar a conocer la obra y generar movimiento en las redes”, señaló el sacerdote.

En las últimas semanas se concretó un avance importante: la finalización del techo de la nave central, una etapa que se consideraba pendiente dentro de la estructura gruesa. Ahora los esfuerzos se concentran en las partes más altas del edificio. Según detalló Pickelny, lo que resta por hacer en esta fase son la cúpula, su techo, la bóveda y el campanario, que representan las principales obras pendientes.

Además, ya se está trabajando en la instalación del sistema de audio y sonido, mientras que en las alas laterales se realizan tareas de revoque y colocación de membranas.

El padre Pickelny remarcó que la lentitud de la construcción no es un problema, sino una característica que permite que la gente se sienta parte del proyecto. “La construcción del templo es, en el fondo, la construcción de la comunidad. Las dos cosas tienen que ir en paralelo”, afirmó.

Bermejo, que años atrás había quedado casi despoblado tras el cierre de la explotación de algarrobos y la estación de tren, recuperó población gracias al auge religioso. De unos 300 habitantes pasó a casi mil, en gran medida por personas que llegaron desde Córdoba y Buenos Aires buscando un lugar más tranquilo.

A pesar de las dificultades climáticas —la vertiente Nikizanga atraviesa su peor sequía histórica con una baja del 80% en su caudal—, la obra del templo sigue adelante. El sacerdote estimó que todavía faltan entre dos y cuatro años para finalizarla, dependiendo del nivel de donaciones que se reciban. “No estamos lejos, pero tampoco cerca de terminar”, reconoció.

El santuario se ha convertido en un importante centro de peregrinación nacional, y el propio Pickelny destacó el valor espiritual del lugar: “El templo quiere ser una casa de acogida y de silencio para quienes lo visitan”.

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