Ricardo Doña: "La gente ya hizo santa a la Difunta Correa"

Caucete 19 de febrero de 2018
El sacerdote Ricardo Doña fue párroco de Caucete por varios años. Cuenta como es hoy la relación de la Iglesia con Deolinda. Por Viviana Pastor
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Foto: gentileza de Tiempo de San Juan

"Yo creo que nunca fue motivo de la Iglesia Católica beatificar a la Difunta Correa porque la fe de la gente ya la beatificó y la canonizó. No necesitas promoción en el santoral de Deolinda Correa, no nos preocupa eso, lo que nos ocupa es el acompañamiento de esa gente y queda claro que quien hace los milagros es Dios y Deolinda intercede", dijo contundente el padre Ricardo Doña, quien por varios años fue párroco de Caucete con la iglesia de Vallecito a cargo.

Incluso Doña va más allá y asegura que existen documentos de la existencia de Deolinda Correa, lo que podría servir para iniciar el proceso dentro de la Iglesia para que sea formalmente santa. Pero también dijo que eso no es urgentemente necesario.

"Poner dentro de una norma canónica lo que es un camino que pasa por la fe del pueblo, para la Iglesia esa fe tiene mucho más peso y valor que si estuviera nombrada en una ley canónica. Tal vez hay sacerdotes piensan de otra forma, porque hemos sido formados dentro de una ley canónica, y esto se entiende desde la expresión de fe del pueblo", aseguró.


El sacerdote, que asumió hace pocos días al frente de la Catedral de San Juan, agregó que la gente sabe distinguir las cosas y no acude a la Difunta Correa como si fuera Dios, sino que la tienen por un alma que intercede por ellos. "Eso no necesita ser proclamada por la Iglesia porque ya fue proclamada por el pueblo".

La postura está muy lejana a la que asumió la Iglesia en relación a la Difunta Correa durante la década del '70, cuando fue prohibida por las máximas autoridades católicas.

Doña explicó que en la década del '60 la Iglesia realizó el Concilio Vaticano II para responder a la necesidad del hombre de la época, cambiando la postura estricta que venía trayendo desde Lutero. Pero esos cambios cuesta llevarlos adelante, tal como los que hoy propone el Papa Francisco.

Recordó que las décadas del '60 y '70 fueron convulsivas también para la Iglesia, época en la que se fueron muchos sacerdotes del movimiento para el Tercer Mundo en América Latina, que era considerado de izquierda para los militares.

En Francia en padre Ricardo Báez Laspiur estudió con los Curas Obreros y cuando en 1963 volvió a San Juan, lo nombraron en Caucete y ahí se inició con esa impronta del movimiento sacerdotal obrero. Fueron esas ideas las que le permitieron hacer crecer tanto el santuario, no sólo en su desarrollo económico sino en el apoyo a la fe de la gente.

"...la religiosidad popular de Deolinda Correa no está encausada por la Iglesia sino por el mismo pueblo"
Báez estuvo en la creación de la Fundación Cementerio Vallecito, que fue intervenida en 1974.

"Por haber administrado el paraje, el padre Báez terminó preso, estuvo 2 años en el penal de Chimbas y allí perdió un riñón. Entonces el obispo de San Juan se puso en contra y aplico la excomunión a todos los que pasaran por la Difunta Correa, incluso el obispo de San Luis decretó la excomunión para todos lo que pasaban por la ruta rumbo a la Difunta Correa", contó Doña.

Por entonces, el devoto de Deolinda era considerado "zurdo". "Pero la religiosidad popular de Deolinda Correa no está encausada por la Iglesia sino por el mismo pueblo. Yo del padre Báez aprendí algo: quien va a la Difunta es católico, el evangélico no va porque no cree en los santos. El católico es el creyente o el que tiene su religiosidad sencilla y la vive así", dijo Doña.

La iglesia, construida a fines de los '60, es parroquia sin cura estable, cuasi parroquia, el sacerdote atiende pero no vive ahí. Cuando salió Báez, fue asignado el padre Alonso, quien iba todos los fines de semana del '77 al '97 cuando murió.

La nueva era

En 1997 fue nombrado el padre Doña y junto a José María Solar crearon la Vicaría del Desierto, que era la pastoral de toda esa zona desde la ruta 20 hasta el límite son San Luis La Rioja y Mendoza, la sede era la Difunta Correa donde se hacían confirmaciones, casamientos y bautismos.

Trabajaron tres aspectos: la atención de la gente de Vallecito como comunidad, porque ellos los fines de semana no pueden ir a misa porque están vendiendo; atender al turista y un acercamiento con la Fundación y centro comercial.

"Cuando he tenido que predicar he rescatado la figura de la mujer que como esposa y madre es un buen ejemplo, una gran intercesora. Esa es la postura de la Iglesia hoy, acompañar la fe de la gente lo mejor posible. Por ejemplo, mucha gente tiene la costumbre de ir a bendecir el auto cuando se lo compra o cuando lo cambia y todos los domingos al medio día se bendicen autos y motos, eso es tradicional e histórico y nunca se dejó de hacer", contó el sacerdote.

Como sacerdote de la Iglesia le tocó atender a devotos de varios países que llegaban al paraje, muchos de Chile, Uruguay y Paraguay.

"He sido testigo de muchas situaciones milagrosas que se han dado. Como madres que después de 15 años de no poder tener hijos fueron a la Difunta a pedir y al año siguiente iban con el hijo y yo los he bautizado".

Fuente: Tiempo de San Juan

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