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Roberto Herrera y la camada de enfermeros del Hospital de Caucete que el pueblo no olvida

En el Día del Enfermero, se recuerda la última camada de auxiliares que fusionó la técnica, el sacrificio y la vocación. El recuerdo de una época donde la enfermería se hacía en bicicleta, de madrugada y con el corazón en la mano.
Efemérides 12/05/2026
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ENFERMERO ROBERTO OK


Hoy, el Día del Enfermero en Caucete tiene un nombre propio que resuena con nostalgia: Roberto Herrera. Él fue protagonista y testigo de una transición histórica en el hospital local. Cuando Roberto y sus compañeros llegaron como flamantes "auxiliares de enfermería", se encontraron con los gigantes de la época: los "empíricos".

En su camada no olvida a grandes enfermeros como el "Gordo" Ibáñez, Jorge Fernández, Paredes, Ávila, el flaco Carrizo, el doctor Molina, Ozan, Flores y tantos otros que la memoria inmediata parece interrumpir un recuerdo más amplio de nombres.

Hombres que habían "nacido" en las salas del hospital, casi todos de Caucete, y que aprendieron a curar a fuerza de práctica, necesidad y vocación. Fue la camada de Roberto la que convivió con ellos, absorbiendo esa sabiduría que creo esa unión que hoy la gente recuerda con tanto cariño, la última gran camada de la enfermería caucetera.

Para 'don Roberto' y su grupo, el título no era un trofeo para colgar en la pared, sino un compromiso con el vecino. El relato de Roberto es crudo y real: la enfermería de antes no se hacía en consultorios climatizados, se hacía en la calle.

"Trabajaba 24 horas. Me llamaba la bicicleta o la moto para lo que sea", recuerda con la claridad de quien sintió el frío de las 6 de la mañana en pleno invierno. La mística de esa época era la del domicilio. No importaba la hora ni la distancia; si un paciente necesitaba una inyección o una curación, allí estaba el enfermero.

Y el pago, muchas veces, era secundario. La premisa era humanitaria: si el paciente era pobre, se lo atendía igual. Se aceptaba una comida o un simple "gracias", porque como bien dice Roberto: "Te tiene que doler un paciente para que puedas aprender lo que es atender bien. Si no te duele, no tenés vocación".

Uno de los hitos que Roberto atesora es la visita del entonces gobernador Alfredo Avelín. En una noche de helada, Avelín encontró la realidad despojada del hospital Cesar Aguilar: gente esperando afuera, y un hospital con estufas muy precarias y sin agua caliente.

La respuesta no fue un expediente administrativo, fue un gesto humano. Esa noche hubo mate cocido y tortitas para todos los que esperaban, y al día siguiente, el hospital cambió para siempre con la llegada de colchas, abrigos y un termotanque gigante que trajo, por primera vez, agua caliente digna para pacientes y trabajadores.

Esa misma grandeza la vio Roberto en el hijo del gobernador un tiempo después, el Dr. Avelín Nollens, quien a pesar de su posición, repartía sus honorarios con el joven Roberto enfermero que recién empezaba, reconociendo el esfuerzo del que menos tenía.

Hoy, la mirada de Roberto es nostálgica pero también firme. Siente que la salud en Caucete perdió su esencia cuando "la política se metió en la gestión". Lamenta la desaparición de la Maternidad y critica la frialdad de la administración actual, donde a veces importa más el protocolo que la persona.

"Antes, el enfermero veía a alguien afuera y lo hacía entrar con el oficial de guardia. El médico lo respetaba y se iba adelantando el trabajo", explica. Hoy, ve una brecha entre la teoría universitaria y la falta de "calle" o ganas de aprender de las nuevas generaciones, aunque reconoce la injusticia de quienes hoy trabajan contratados por la mitad de un sueldo digno.

La gente extraña a Roberto y sus compañeros porque ellos eran parte del pueblo, muchos ya partieron y otros se jubilaron. Los conocían en el comercio, en el barrio, en la madrugada. Eran enfermeros de 24 horas que entendían que un anciano podía ser su padre y un niño su propio hijo.

En este Día del Enfermero, el reconocimiento es para esa camada de Roberto. Aquellos que heredaron la fuerza de los empíricos y le sumaron la formación profesional de los 'auxiliares', dejando una huella imborrable de humanidad que, hasta el día de hoy, el pueblo de Caucete sigue buscando en los pasillos de su hospital Cesar Aguilar.

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